miércoles, 29 de agosto de 2007

Camino a la taberna


-¿Y que ha sido de tu vida, ilustre holgazán de cuerdas?


-Nada más que vivirla, sólo intentar vivir lo mejor posible...
..creedme que no ha sido fácil, retornar derrotado, humillado y sin un maldito real en la bolsa.

-¿Cómo?

-Partí al Orán hace un tiempo a comerciar lana, algo de algodón y unos cordobanes, instruido por unos amigos de juerga, mercantes. Fletamos un barco y zarpamos.
En un comienzo todo iba muy bien, vendimos mucho y de todo muy copioso, intercambiamos, volvíamos a vender, íbamos de juerga, de cantina en cantina gastando el fruto que la fortuna nos proporcionaba... Hasta que en una de esas noches, entre pinta y pinta, caí en tal emborracho (no diré que por primera vez) que cuando desperté a la noche siguiente olvidaronme mis camaradas y zarpando de tal guisa sin mí, guiados por Dios sabe cuáles vientos. Mis prendas y la mercadería y mis ganancias y muchas de mis pertenencias quedaron a bordo, nada más me quedé con lo puesto, la espada, la vizcaína, un par de maravedíes para comer y mi fiel bitácora.
Perdido y obligado a mendigar, me encontré al cabo de unos días (no sé cuántos) con el maestro Don Nuño, uno de mis mentores en los Reales Tercios de su magestad. Acogióme, para mi buena estrella, entre sus hombres y ansí me embarqué de vuelta a la España en "La Merced". Gran hombre, hizo una escala en Málaga para dejarme, continuando su viaje...

-Pero lo importante es veros de nuevo, vivo y saludable.

- Hay males que no podéis notar a primera vista, Luca....

- ¡Qué va! los males del espíritu se curan de una sola forma: ¡Oporto!
¡Vamos a brindar por las desgracias y el fin del mundo!
Esta vez yo invito

-... que más da, más abajo del suelo no he de caer. ¡A por esas botellas, que no es de caballero hacerlas esperar!

-¡Así se habla!


Tengo un vaso vacío

¡que endemoniada sed llevo!
y si no hay vino servío
lo cojo y lo lleno de nuevo

Salud, salud, salud
por lo que traiga el día
¡Salud!
Por el dolor y la alegría
¡Salud!
Por la musa que inspira
¡Salud!
Por la bella María
¿María?
Sí, para que traiga más bebida
¡Salud!

Caminaron alegremente hacia una sombría, pero acogedora taberna entre los pasajes más intrincados de la ciudad. Extraña atmósfera, cómo estos dos pillos que no tenían nada que agradecer a la vida, entre tanta desventura y mala fortuna, no tenían asomo de amargura o desazón. Tal vez así son los truhanes.

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