Yo, Hamlet di Beliatio, Señor de la Melancolía, en total libertad de mis facultades doy fe de que lo escrito aquí es mi verdad, que lo publicado es lo que testifico a “mis compañeros de armas” y al mundo entero, en ocasión de mi muerte y estadía en el Hades, esperando renacer.
Ante Gaia, juro que mis acciones en vida correspondieron a esa absurda forma de enfrentar aquella realidad que pretendió aniquilarme, el cual, vestido para mascarada, me suplantó en el mundo físico con una sonrisa.
Por eso los pasos que di fueron sobre los vidrios rotos de la confianza, de la fe y de la cordura. Con cuidado mis plantas desnudas atravesaron el sendero tortuoso, evitando caer al abismo… Más una y otra vez caí.
Perdido entre las sombras de mis actos comencé a escribir, con tanta pasión que pronto surgiría un asesino de mi propio yo, un opuesto ser, un demonio destructor de mi primigenio acto.
Así continué. Continué batallando con sables de tinta roja y, blandiéndolos ante la humanidad, corrí por el bosque perdido de Diana, buscándola entre prejuicios, malos entendidos, desaciertos y letras anónimas de desesperación.
Pero me confundí, ya que busqué más por instinto que por la razón.
Me deje llevar por lo que un reloj desajustado me dictaba día a día, hora tras hora, con cada palpita de razones y desazones que sentía absolutamente las últimas.
He aquí la razón del por que escribo, en fojas virtuales, en pedacitos de ideas desgastadas, muros de lamentos desvencijados, que busca en la oscuridad alcanzar las luces que emiten los decepcionados filósofos que encontraron la verdad. Por que vieron en donde las diosas cortarían el hilo de la vida.
Siguiendo mi lógica, debo de legar en herencia todo lo oscuro que llevé hasta horas postreras, correspondientes a todo eso que no pretendí traer, ni cargar hasta el encuentro con “El Repudiado”, pues los podría utilizar como sus escudos. Todo eso que me fue como un peso insostenible a mi existencia maldita, de rebeliones y quebrantos de la otra careta… de una vida enmudecida por líbelos de experiencias encontradas en una berma prohibida.
¡Y que más! Si debo de recordarme que no fui el culpable de perseguir los problemas, en su grandísima mayoría… ¿o no?
Todo lo anterior para culminar en la patética enumeración de las pobres dignidades de este payaso:
- A mis enemigos, mis odios y sentimientos de destrucción, para que se hagan cargo de ellos. Que los mastiquen y escupan, pues a mi ya no me sirven.
- A las personas que ame que se les entregué mi corazón, ese que no funciona de acuerdo con las condiciones de magnitud humana, de parámetros en escalas del razonamiento. Que le boten si no les gusta, aunque desearía que sea sobre los campos de la lid y de los mártires de la lucha por la libertad.
- Y mi cuerpo… que sea entregado al amparo de Gaia, en forma de cenizas. Que se unan a su concierto místico, a la profunda identidad de la Hija del Sol… para ser parte del todo.
- A quien verdaderamente me haya querido, con o sin antifaces, evidentes o aparentes, le dejo mis tierras de La Melancolía, en las regiones del dolor. Que ella asuma la responsabilidad de protegerlas en mi nombre.
- Por último, mis letras os las entrego a todos vosotros, asiduos seguidores de los escritos de la libertad, que desde el silencio lucháis...
Que lluevan las tintas libres sobre las ideas y sueños, que corran con la pasión con la que he escrito este, mi pobre legado…











