Mi lucha se convierte en regocijo al saber que en mi ciudad blanca eres tu su resplandor y que me esperas como yo espero ver tu aire respirado por el deseo infinito de tu cielo lleno de mis poemas y mis sentimientos, dulzura de constelaciones sin fin, mi alma ya no pertenece a mi cuerpo ya que esta en su plenitud en la sincera compañía de tu espíritu de princesa encantada.
Me ahogo con los llantos que se elevan al cosmos por tu lejanía y me reviven con el elixir salobre que tus manos emanan en mis sentimientos a su calidez.
Tus huellas me inundan de cantos que no me cansaría jamás de escribir a la luz de Anduril en reflejo de las lunas que anida en tus ojos, y mis pasos ya no se si yo los dirijo o es su voluntad de entrega que me obliga a seguir su libertad y mi esclavitud.
Dulce Estrella de la Tarde no me desampares de la esperanza eterna que se derrama en pétalos de sueños de tus siempre contemporáneos labios de sol primaveral, no me dejes sentado en las miles de colinas y depresiones que me impiden verla a través del manto de mis ilusiones contigo, sale como tu recuerdo a mi encuentro entonando las baladas de nuestros cuerpos en la perfecta unión de lo que solo la felicidad podría competir con la magia que sus besos exhalan en la simplicidad de lo que los humanos llamamos amor eterno.










