martes, 31 de octubre de 2006

Carta de Satán

Te distinguí ayer cuando emprendías tus labores cotidianas. Te levantaste sin siquiera implorar a tu Salvador, en todo el día no hiciste nada de oración. De hecho ni recordaste consagrar tus alimentos. Eres un inconfundible humanoide irreflexivo, y eso me deleita de ti. Del mismo modo me cautiva la formidable pereza que expresas perennemente en lo que se refiere a tu progresión religiosa: Rara vez ojeas la Biblia y cuando lo haces siempre dices que estás cansado. Oras muy poco y la mayor parte del tiempo sólo recitas palabras que no meditas. Por cualquier pretexto llegas retrasado o faltas a las majaderas tertulias que llaman misas.
No puedo describir como me complace que en todo este tiempo, no hayas cambiado tu manera de comportarte. Tantos años y sigues como al principio, crees que no tienes nada que cambiar… de verdad me encantas. Recuerda que tú y yo hemos franqueado cuantiosos años juntos y aún falta la travesía que te acabará. No te creas importante, solamente te estoy usando para hastiar al ícono de la imbecilidad. Él me arrojó del cielo y yo voy a esgrimirte mientras pueda.
Mira ignorante, “tu Creador” debe amarte y debe tener grandes designios preparados para ti, pero tú eres tan idiota que me has concedido tu existencia, donde gracias a ti he fundado un auténtico averno. Así estaremos juntos doblemente, ¿acaso eso no te excita? Con tu contribución voy a mostrar quien es efectivamente él que gobierna tu vida, quién maneja tu prudencia y quién es el que te hace daño hasta la enajenación.
Recuerdo tan clara la tenebrosidad del nerviosismo y del insomnio, donde empapabas con sudor las sábanas al resonar en tu mente aquel día de debilidad con aquella “personita complaciente”, o con la novia de tu amigo o con la prostituta del centro… que remembranzas, qué bien nos la pasamos. Pero más me agrada que no te arrepientas, al contrario, reconoces que eres lozano y tienes derecho a gozar la vida. No hay duda: eres de los míos.
Lo que más me embelesa es que rara vez tengo que tentarte, casi invariablemente te hundes por tu cuenta. Tú escudriñas los instantes propicios, tú te expones a realidades oscuras, tú inquieres mis círculos. Si poseyeras algo de sesos cambiarías de contexto y compañías, suplicarías a sacramentos y prodigarías efectivamente tu subsistencia al que dices llamar "tu Dios" y así vegetarías el resto de tus años bajo la guía del “Espíritu Santo”.
Pero maldices, difamas y te revelas. Ciertamente cuando vas y te explayas juiciosamente, me desalientas… pero no hay problema… siempre habrá otra oportunidad.


Le Fântome Solitaire

3 comentarios:

Apadeva Bastis dijo...

Por lo que habeís escrito me creo que Satán estaría contento conmigo también. Qué relativo es el bien y el mal.

Mephiz Orion dijo...

Naturaleza humana, la única tan santamente pagana.
Buenas letras que marcan el regreso de Le Fantôme, muy buena obra.

El pajariyus dijo...

Muy interesante escrito, no creo q alguien logre escaparse de aquellas frases...mmm..hacer feliz a Satanás??..mm...bueno...por lo menos a alguien estamos haciendole la vida mas bella...alegremonos..